La_esencia_terrormakers

Como admirador del original Pasaje del Terror, siempre he investigado y ahondado en la esencia del espectáculo. El por qué un espectáculo, que hoy día se vería falto de tecnología e incluso, me atrevería a decir, maquillajes y escenografías de gran calidad, cosechó ese tremendo éxito.

La respuesta es clara: conceptos bien ejecutados.
El Pasaje del Terror, bajo unos conceptos claros y directos, funcionó de maravilla. Era efectivo, a nivel empresarial y también como espectáculo terrorífico.

Me gustaría hablaros de algunos de esos conceptos que, a mi entender, hicieron de este espectáculo una leyenda.

La sugestión

Tal y como dijo Ignacio Brieva en una ocasión, uno de los principales objetivos era lograr que el público accediera al espectáculo con una clara sugestión previa.
Existían multitud de métodos para lograr ese resultado. Pero era indispensable que el público ya entrase, digamos, preparado para el espectáculo.

Secretismo

Actualmente, se enseña demasiado. Ya sea en reportajes fotográficos o en TV, se peca de mostrar más de la cuenta, cuando antes no era así. Al menos al principio, nunca se dejaba entrar a una cámara en el espectáculo. Y si esto ocurría, se elegía muy bien lo que se podía grabar o fotografiar, y la forma en la que se hacía.
Sugerir más que mostrar era algo que por entonces se respetaba a rajatabla.
El boca a boca era la mejor publicidad.

Oscuridad.

Se evitaba el exceso de luz. Había puntos de luz cuidadosamente elegidos mientras que el resto del recorrido se realizaba casi a oscuras.
Las apariciones de los “monstruos” también eran veloces, con excepción de los personajes que hablaban al público, los cuáles se trataba que fueran cuidadosamente caracterizados.

Los Pulmones.

Hoy día se siguen construyendo túneles del terror que no contienen pulmones, es decir, lugares donde el actor o actriz espera al público, oculto de este último.
Al no existir pulmones, en muchas ocasiones los personajes están ya en sus escenas, a la vista, cuando el público llega.
Esto se traduce en actings sin impactos, personajes “agresivos” que se encaran al público o hacen un simple gesto o mueca, convirtiendo al espectáculo en un museo de cera más que en un pasaje del terror.
En ocasiones, las caracterizaciones, trajes o máscaras son de una calidad estupenda, pero seamos claros…eso no es un pasaje del terror, es un “pase de modelos”.

Los señuelos

Trucos como el famoso espejo réflex, o elementos inteligentemente iluminados con el fin de distraer al público y desviar su atención, eran conceptos del antiguo Pasaje del Terror.
El concepto era sencillo: distraer al espectador dirigiendo su atención a un lugar, para luego ser impactado por el otro. Se utilizaban puntos de luz, objetos animatrónicos, trucos que provenían del ilusionismo, etc.

Estrategias.

Se creaban estrategias para que el público se impactara siempre o casi siempre.
Había gente muy asustadiza y muy sugestionada que ya sentía terror, pero a los que no se sugestionaban con facilidad había que lograr impactarles, y esto se conseguía en gran medida por un sensacional estrategia y trabajo en equipo.
En innumerables ocasiones, se realizaban auténticas “carambolas” con el público; se utilizaba la “acción-reacción”. Tal y como impactabas al público, este tenía una reacción lógica que era desplazarse hasta el lado contrario de ese primer impacto, y es entonces cuando otro “monstruo” impactaba por ese lateral, cogiendo al público desprevenido.
Esto se empleaba muy a menudo en el inicial Pasaje del Terror.

Respeto

En el antiguo Pasaje del Terror, se respetaba mucho a los personajes clásicos. Los actings de texto eran solemnes y bien ejecutados, casi poéticos. Y no tenemos más que poner el ejemplo del famoso monje de entrada, que recitaba un texto muy cuidado y normalmente muy bien interpretado.

Se respetaba todo el conjunto de elementos, desde el texto, la interpretación, la iluminación, la atmósfera… Es lo que me hizo descubrir esa característica tan propia del Pasaje del Terror, como es LA ESENCIA.
Hoy día, se apuesta mucho por invertir en grandes y cuidadas escenografías, carísimas máscaras, trailers súper potentes que muestran a los personajes… Pero no olvidemos, que lo más importante recae en los pequeños detalles y saber manejarlos.
Siempre pongo de ejemplo a películas de bajo presupuesto que han logrado crear una tensión sin precedentes, como por ejemplo “The Blair Witch Project”.
Sin ver un “monstruo”, sin ver sangre… Tan sólo jugando con la imaginación del público.

Ahí es donde reside el verdadero terror, esa es la tecla que se debe tocar: jugar con la imaginación, con la sugestión, con la tensión in crecendo… Eso funciona mejor que 100 máscaras de 800€.Trabajemos lo sencillo y directo. Trabajemos la estrategia, la sugestión.
Luchemos por la esencia.

Artículo escrito por Sergio Moral

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